jueves, 2 de julio de 2015

Tranquilidad via de la Facilitación Terapéutica

En el duelo se lleva a cabo un encuentro de recuperación de la tranquilidad con la existencia

“La violencia acalla las  voces. La terapéutica en la cultura de la paz la recupera devolviéndola  a las personas” (1)

La vía es un camino que se recorre: todos sus momentos fluyen dejando experiencias y aprendizajes. La vía se asume cada instante en lo que ofrece su trayecto, a veces fluye sin mayores tropiezos, otras llena de obstáculos y dificultades; siempre permitiendo el crecimiento en múltiples sentidos. Aprender a elaborar las pérdidas, desapegarse de seres ausentes físicamente, de asuntos dejados por una u otra razón especialmente en un espacio donde la agresión y la violencia arrebatan madres, padres, hermanos, hermanas, amigos, amigas, ciudadanos, proyectos de vida lo que obliga a despertar esa resiliencia psicológica, aunque en ocasiones se crea es exclusiva de algunos está presente en todo ser humano y se expresa en un sentido de trascendencia permanente  orientada a estar y mantenerse en la tranquilidad, que de ninguna manera debe entenderse como conformismo o una resignación de estado racional de pasividad de "buenas condiciones", por el contrario significa un movimiento eterno donde los aparentes opuestos, se encuentran, se suceden, se complementan.

Para lo que nos convoca es el caso de la vida con la muerte, la muerte con la vida en indivisible complementariedad existencial. Los seres humanos se interrogan, temen, sufren, gozan e imaginan significados, construyen proyectos alrededor de esos dos instantes que se suceden haciéndose uno en su encuentro e impactando y promoviendo un tejido de relaciones personales, sociales, culturales en cada ser humano. Es connatural a esta realidad el proceso de elaboración, está ahí permanentemente al reproducirse el ciclo de vida y de muerte; por tanto hacerla con conciencia es la vía y el ser de la facilitación terapeútica   para mantener el de tranquilidad y lo que deriva de ello: la felicidad de relaciones.

La única manera de enfrentar y superar las circunstancias de la violencia, de la pérdida inesperada como un traumatismo que causa intranquilidad en las personas, los grupos, las familias y las sociedades, es darle fuerza a su opuesto complementario asociado: la tranquilidad para desapegarse y dejar todo aquello que por muy importante que ha sido, ya no se encuentra y hay que continuar hacia adelante, lo que llamo el emprendimiento de  una vía personal con sentido terapéutico desde donde se elabora el permanente estado de duelo que es inherente a nuestra humanidad: aceptar  pérdidas, desapegarse de los seres ausentes, de relaciones afectivas, de instituciones familiares, educativas, sociales, de edades, dejar y seguir la continua evolución cultural de hábitos, creencias, rituales,  emociones, sentimientos, imaginarios, etc, tanto externos, como internos.

La vía terapéutica
  
La vía en la recuperación a personas en circunstancias generadas por la violencia es una vocación que se ha convertido en cruzada por que sus manifestaciones son hechos comunes, cotidianos, mas no por ello aceptados. Esta vía se asume desde la multidimensionalidad del ser humano, da sentido de crecimiento y resignificación del proyecto de vida, además que involucra la comprensión de presencias que aunque no sean visibles están actuando en la naturaleza de la existencia y en el desarrollo de todos los actos desde la libre elección de experiencias en el ser humano, quien no es un títere de los eventos sino que a nivel muy profundo desde su esencia los crea y los provoca.   Por experiencia en las intervenciones se descubre que es esencial construir encuentros desde una perspectiva humana - transdisciplinaria - terapéutica, en vía de derechos, con sentido de trascendencia y emprendimiento solidario. Desconocer  esto, es ignorar la psicología integral de las personas y continuar en un proceso de victimización, con ello se limita al ser humano con simplicidad dimensional y reduccionista: seguir afianzando su estar en el mundo a una expresión desintegrada y necesitada: víctima,  cuya tranquilidad  depende de  una economía, un trabajo, de proyectos materiales, de una cierta justicia, no de una totalidad . La verdadera elaboración del duelo, de la pérdida significa descubrir que la pérdida es más que una pérdida, una posibilidad de crecer, de mejorar su calidad vida, de descubrirse como una unidad creadora más allá del papel y arquetipo de víctima, que se fortalece activando  los arquetipos de Héroe,  cuidador,  creador, siguiendo algunos tipos y orientaciones Junguianas(2). Un ser humano es en permanente trascendencia, en construcción de autonomía y de procesos internos de autogestión hacia comportamientos sociales que reflejan valores en solidaridad en tranquilidad. Eso precisamente es  el sentido y el propósito de la intervención de la Psicología como facilitación terapéutica. Crear espacios, vivencias de goce, de expresión de emociones, de sentimientos, de intenciones para desde allí en conciencia impactar en los procesos interiores desde donde la persona, el ser humano construye su psicología saludable, su estado de tranquilidad que significa armonía con todo lo que hace, expresa y le lleva a trascender de una persona común a un ser emprendedor de su propias experiencias.

El camino terapéutico elaborado en el encuentro de duelo, de pérdidas, evidencia que además de un trabajo psicológico sobre la emocionalidad, los sentimientos, los pensamientos, una recuperación de la integralidad de la persona como ser humano desde su biopsicología, sus relaciones afectivo-emocionales, sus imaginarios-trascendentes y fundamentalmente su reivindicación de persona con dignidad, sujeto de derechos y deberes, los que son vulnerados por los actos de victimización a los que les somete el victimario privándole del derecho a la vida, al amor, a la familia y al Bien-Estar.

En esta construcción los encuentros en recuperación a víctimas de la violencia deben asumirse desde la multidimensionalidad del ser humano, con una visión transdisciplinaria-terapéutica, en vía de derechos, con sentido de trascendencia y emprendimiento solidario. Desconocer y subvalorar la intervención de una u otra área, es para la psicología integral dar continuidad al proceso de victimización, que ignora y limita al ser humano con simplicidad dimensional y reduccionista: seguir afianzando eñ estado víctima,  que depende de cosas, economía, trabajo,  proyectos materiales, justicia. La verdadera elaboración del duelo, de la pérdida significa descubrir que la pérdida es más que una pérdida, una posibilidad de crecer, de mejorar su calidad vida de descubrir más allá del papel y arquetipo de víctima, como una persona que crea y decide todas sus experiencias en la vía de la existencia mediante la activación consciente de los arquetipos de Héroe,  cuidador, creador, siguiendo las orientaciones Junguianas(2). Un ser humano en permanente trascendencia, en construcción de autonomía y de procesos internos de autogestión hacia comportamientos sociales que reflejan valores en solidaridad en tranquilidad. Eso precisamente es  el sentido y el propósito de la intervención de la Psicología como facilitación terapéutica. Crear espacios, vivencias de goce, de expresión de emociones, de sentimientos, de intenciones para desde allí en conciencia impactar en los procesos interiores desde donde la persona, el ser humano construye su psicología saludable, su estado de tranquilidad que significa armonía con todo lo que hace, expresa y le lleva a trascender de una persona común a un ser emprendedor de su propias experiencias.

La vía terapéutica en un encuentro de duelo, de pérdidas,  desde la elaboración de la emocionalidad, los sentimientos, los pensamientos, es la oportunidad de recuperación de la propia integralidad de humanidad en dimensiones de biopsicología, relaciones afectivo-emocionales, imaginarios-trascendentes y fundamentalmente en la reivindicación de la dignidad como sujeto de derechos y deberes; aunque estos intentan ser vulnerados por los actos de victimización ejercidos por el victimario, en un intento de someter privándole del derecho a la vida, al amor, a la familia, al Bien-Estar, a la tranquilidad, así parezca jamás tendrá un verdadero poder, ni el permiso, ni el poder para hacerlo, porque solo el libre albedrío y la voluntad propia puede dárselo. Tomar conciencia de ello es el sentido y propósito de toda vía terapéutica. 

Por esta razón este encuentro en conciencia con las llamadas pérdidas debe ser liderado por el Acompañamiento del Psicólogo como facilitador terapéutico; más que un tallerista o un simple facilitador, trasciende en transformaciones existenciales con el uso de herramientas, conocimientos y experticias que impactan la interioridad de las personas. activando arquetipos y una visión extendida de lo que significa la existencia lo que se observará en la precipitación en todas las áreas de la vida de comportamientos y proyectos de  Bien-Estar integral. 

La vía terapeútica entendida así se soporta en la recuperación de valores, mediante comunicación de autoestima, de actitudes orientadas a la reivindicación de la dignidad humana. El respeto a la persona, la permanente entrega desde la sinceridad espontánea, el pedir y darse permiso para vivenciar cada experiencia propuesta, generan el clima psicológico externo e interno de autoconfianza en todos los actores durante el proceso facilitando las relaciones transferenciales de liberación y desprendimiento de emociones, sentimientos, intenciones, imaginaciones que bloquean el estado de armonía en las personas. Ahí la insistencia del perfil del psicólogo, como persona esencial con capacidad de trascender su rol, comprometido en su propia vida con una vivencia constante de vocación y misión terapeútica, que utilice como herramientas relaciones de acogida, de calidez, de reconocimiento y aceptación plena de los seres. Impregnado desde la lúdica espontánea, la ética cotidiana vivencial, la mística en sus comportamientos y la creatividad para hacer de cada momento una oportunidad sanadora en intencionalidad de empoderar a las personas en la identidad como seres que tienen la plena libertad de decidir todo lo que sucede en su vida. Lograr esto  rompe con  la relación que da energía a la victimización:  sometedor victimario - impotencia de la víctima. El facilitador terapéutico debe tener el poder de disolver esa ilusión que condiciona y establece un arquetipo del victimario quien quita  la vida, acaba con la familia, desestabiliza el proyecto de vida sin pedir permiso y lo hace agresivamente sometiendo en el imaginario de la impotencia a las personas. En este instante es cuando el psicólogo convoca la aparición y creación del Arquetipo del terapeuta desde el interior con la fuerza y la conciencia suficiente para causar el impacto de reestablecer al ser humano, de renacerlo de las cenizas de su circunstancia de objeto víctima, elevándole hacia el de sujeto autónomo de derechos, deberes, con el poder de decidir por si mismo sobre su proyecto de existencia.

Por supuesto la vía continúa en una intervención terapéutica individual, familiar, social, de ciudad, de país. Trascendiendo el simple duelo de una pérdida personal, afectiva hacia la construcción de un proyecto de vida social, solidario, humano que contribuya a una transformación solidaria social del país. Un duelo sin esa perspectiva, no podrá elaborarse plenamente. Si el empoderamiento de los participantes de esta vía es real desde su interioridad, se abre paso un emprendimiento en conciencia de la tranquilidad en todas sus relaciones,  con compromiso y manifestación de transformación multidimensional. El renacimiento ya no depende de un otro exterior, llámese terapeuta, consejero, persona esencial, gurú, maestro, sino que esta dentro del ser mismo, en su interioridad, un constante compañero sanador de relaciones con el suficiente poder para sostener el proyecto de vida, esa es la terapéutica que activa la resiliencia desde lo personal, individual, hacia la terapéutica de lo social, de lo colectivo, de lo universal que se crea cultura de tranquilidad: armonía interior y exterior.







(1) Extraído del documento: Cultura de la Tranquilidad por Carlos Daniel Bermúdez Pinzón. Psicólogo Facilitador Terapéutico. 2015
(2)     Carl Gustav Jung. Obra completa. Volumen 9/I. Los arquetipos y lo inconsciente colectivo.    Estudios Psiquiátricos, Madrid: Trotta (1999).