viernes, 13 de noviembre de 2015

Cultura con Resiliencia Solidaria

Por Carlos Daniel Bermúdez Pinzón
Escritor y Emprendedor Esencial en Cultura de Resiliencia Solidaria                                

Estar vivos en esta realidad, es resiliencia. Mantener el espíritu de esperanza y confianza en si mismo, en los demás, es resiliencia. Decidir y realizar un propósito desde lo que creemos ser, es resiliencia. Amar, crecer, sentir, es resiliencia. Conservar y sostenerse siempre en armonía, es resiliencia.

Cuando nos hallamos en medio de   situaciones adversas, dolorosas, experiencias limitadoras, circunstancias limitantes, e incluso exitosas, que afecten nuestro equilibrio personal y desarrollo en bienestar,  es necesario sacar del interior esa tenacidad que trasciende  cualquier límite  para salir y avanzar en bienestar;  le llamamos resiliencia.


Es una capacidad que a veces se ha creído como perteneciente solo a seres de una extraordinaria particularidad,  se encuentra en todos los seres, en cada uno, Lo que sucede es que tiene características específicas de acuerdo a las propias vivencias personales, al desarrollo de la personalidad, a los imaginarios y condiciones físicas, sin que ello signifique que una u otra sean limitantes. Lo importante en la resiliencia es precisamente vencer los límites propios e ir mas allá de ellos para alcanzar bienestar.   Como su descubrimiento se ha hecho en condiciones extremas, de dificultad, amenazas, desastres, sufrimiento, se tiene la creencia que es dentro de estas circunstancias que se produce. Lo que sucede es que allí es el escenario donde se visibiliza, mas ello no implica que es donde se desarrolla, en la propia naturaleza se encuentra presente, sencillamente hay que activarla.

Ser consciente, intuir y darse cuenta de que la resiliencia es inherente a nuestra esencia humana, abre la vía para descubrirla y conectarla en  nuestro interior. La imaginación, la razón, las emociones, los sentimientos, el cuerpo, son parte de sus expresiones, es lo que nos ha posibilitado la evolución, a medida que nos adaptamos a las nuevas realidades surge un empuje para asumirlas; la creación, el ingenio, la resolución de situaciones, la inteligencia práctica son los síntomas visibles de la propia capacidad que tenemos para ser resilientes. Como somos pantallas de lo que sucede a nuestro alrededor, el camino para despertarla, de manifestarla comienza con el principio de la autoobservación, detenerse a ver que pasa en nuestro interior cuando establecemos relacionamos con el mundo que nos rodea. Como se mueven nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestras emociones y sentimientos, nuestros cuerpos y especialmente que formas imaginarias provoca.

Como observadores de los fenómenos hemos hallado que las experiencias de los seres humanos que resultan intensas, que llevan a un límite máximo de soportabilidad, permiten el surgir de la capacidad de resiliencia en personas y comunidades, que responden con propuestas sobresalientes a las amenazas de la realidad.  La imaginación es el lugar de resiliencia por excelencia, allí construimos mundos fantásticos que nos ayudan a satisfacer las frustraciones. Cuando una experiencia intensa acontece en la vida de una persona el mundo de la ilusión creada es desplazada al plano de lo imaginario, haciendo que de alguna manera esos sueños, esas fantasías de realización; se concreten en mecanismos de acciones y comportamientos a la realidad, comenzamos a convertirnos en  exitosos,  en  triunfantes, con un poder creador transformador en la cotidianidad, sin importar lo adversa que resulte.

Desde lo imaginario entonces saltamos a concreciones de realidad y de allí a la resiliencia en su entorno, en otros. Demostrarse capaz de trascender cualquier circunstancia, experiencia, realidad individual  con sentido de bienestar, nos lleva mas allá de lo individual  hacia el sentido de ayuda mutua en lo colectivo comunitario, Un proyecto de existencia exige avanzar en resiliencia solidaria es nuestra esencia como especie humana; trascender cualquier circunstancia, experiencia, realidad e irrealidad individual con sentido de bienestar, primero en lo individual luego hacia la ayuda mutua en lo colectivo comunitario.
  
Recuperación propia y en todos los escenarios ante la adversidad, siempre como condición el mantener en un estado individual de bienestar; para que de manera secuencial continúe en la sensibilidad hacia un compromiso  con los otros. Así su propósito de trascender no se queda en lo personal, sino que continúa en el despertar en los demás el espíritu de las sin limitaciones en  cualquier condición de salud, de sufrimiento, de dolor, de carencia, de impotencia, de  restricciones que mantienen ilusión de apresamiento del ser humano, eso es resiliencia solidaria. 

Solo aquel que es y actúa como resiliente  tiene la posibilidad y la capacidad de hacer que está, no solo sea una respuesta personal, individual sino que se transforme en una vibración colectiva que despierte y desarrolle el potencial de trascender las adversidades y las limitaciones de las experiencias en los demás.

La posibilidad para que se promueva dentro de la sociedad unas mejores condiciones  de vida y de  muerte como parte inevitable del proyecto de existencia, depende del compromiso individual y colectivo que asumamos como gestores  o agentes de cultura en resiliencia solidaria, que reconocen que los seres en cualquier condición de humanidad, somos hermanos y creadores de Bienestar.

Avanzando hacia el encuentro con Cultura de Resiliencia Solidaria. 2016